[Opinión] Chile cambió, pero no tanto…

“Hace un año se detonó la edición atacameña del Estallido Social. Ad portas del proceso de plebiscito constitucional, vale la pena preguntarse ¿Cuánto ha cambiado Chile y en qué ámbito?  Si no se cambia la constitución, ¿existen posibilidades de reformas dentro de los parámetros constitucionales? «Al menos esa fisura que abrió el Estallido, poniendo en crisis la carta magna es una pelea que no hay que ceder. El 2019 Chile cambió como sociedad, pero en lo institucional… no cambió tanto”.

Por David Ortiz Zepeda (vía revista Tierra Culta)

El año pasado estalló en llamas el país y en Atacama el Estallido Social también reventó por la tarde en una convocatoria espontánea. De ahí en más se remecieron muchísimas estructuras de poder. Algunas más, otras menos, pero la rigidez de la institucionalidad pareció volverse maleable, la sociedad pareció estar en un punto de fusión en que lo sólido de nuestro sistema gélido e inhumano parecía volverse líquido, al punto de poderlo aguantar con nuevos contenedores…

Se activaron muchas utopías. En ese sentido el arte ha sido un catalizador clave de los sueños de la población, del proyecto común. En cada imagen, en los cánticos, en los símbolos podemos recordar las palabras de la Sección Inglesa de la Internacional Situacionista: “¿Qué significa hoy la utopía? Crear el tiempo y el espacio reales en cuyo seno pueda realizarse el conjunto de nuestros deseos y ser deseada por el conjunto de nuestra realidad. Crear la obra de arte total”.

 

Y ahí está el desafío, de qué manera lo que parece ser un momento de cambio total, donde parecen venirse abajo instituciones, sistemas, donde se abren grietas en la representación de la autoridad un momento utópico, como dice Benjamin, donde invito a hacer la lectura del salto de los estudiantes por las barandas en el metro de Santiago como una nueva generación avasallando las convenciones, esa convención de que no se debe pasar al metro si el torniquete está quieto… se pasa por encima. Todo parece caerse.

 

Desde lo institucional se intentó dar una flexibilidad a la rigidez del sistema político. El “Acuerdo por la Paz Social y nueva Constitución” venía a apaciguar la rabia, canalizando hacia la conformación de un nuevo pacto social. El contenedor de un nuevo Chile en un libro. Pedro León Gallo de fondo en la foto, un testigo anacrónico.

Mientras, el conflicto entre el anhelo de cambio en las calles y la rabia contenida, daban cuenta que no era suficiente. Un grifo desbordando el fluir de la población rabiosa se trató de contener con un balde.

Salvo por el acuerdo, que le salvó el pellejo al pésimo estadista Piñera, la respuesta gubernamental fue cien por ciento violencia, represión y resistirse todo lo posible a cualquier tipo de cambio. Se puso mucho más énfasis en lo represivo, aumentando  las facultades represivas de las policías, considerando también entregar atribuciones policiacas a las fuerzas armadas.

Hoy a un año de ocurrido todos los hechos que movieron la balanza entre lo que la comunidad necesita y lo que realmente está dispuesto a entregar el sistema y las élites, la utopía sigue persistente. A pocos días del Plebiscito, no se pueden abandonar. Estamos en un momento donde todo eso que parecía que se venía abajo sigue vigente, solo ha sido mermado en sus formas simbólicas. Las leyes no se han cambiado.

¿Será la nueva constitución una oportunidad para crear ese Chile anhelado? Uno menos injusto, menos inhumano, con más respeto por todas las comunidades, donde no sea la competencia lo fundamental, donde no se subyuguen unos grupos que quedan excluidos…

Chile cambió, nos llenamos de utopías, pero en la práctica ¿habrá cambios institucionales? No podemos desestimar que en un año lo único concreto que existe para hace reformas más importantes son aprobar el cambio a la constitución y que exista una Convención Constituyente que abra al menos cambios efectivos dentro del marco institucional.

Al menos esa fisura que abrió el Estallido, poniendo en crisis la carta magna es una pelea que no hay que ceder. El 2019 Chile cambió como sociedad, pero en lo institucional… no cambió tanto.  Es tiempo de profundizar desde la organización y también desde el marco institucional, sino ese Estado, quedará exactamente igual a como está.

 

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