Chile: Policía, política y democracia; conceptos en tensión

Por Antónimo Zapata

Desde el estallido social en octubre, la violencia es lo que ocupa más espacios del discurso público. Tanto en los medios de comunicación con toda su cobertura, como también en las acciones por parte del estado y sobre todo en las alocuciones de las autoridades de gobierno en el inicio de las movilizaciones, donde al menos en la primera semana las reacciones gubernamentales apuntaron todas a la criminalización de la protesta y la desobediencia civil.

Recordemos que cuando las secundarias y secundarios capitalinos llamaron a las evasiones masivas el gobierno respondió anunciando penalizar la evasión, tipificándola como delito. Recordemos cómo tras las demandas de los estudiantes del Instituto Nacional el Gobierno apoyó a la Municipalidad de Santiago para ingresar fuerzas especiales al punto de ingresar en clases a las salas, lanzando lacrimógenas el 19 de junio. De educación y política nada.

Policía o política / esas dos palabras se parecen.

¿Policía y política son entidades distintitas o constitutivas de la democracia? Es una cuestión importante de analizar, sobre todo con la deslegitimación de la fuerza policial a raíz de los abusos cometidos en el último mes, donde se han violado abiertamente los derechos humanos en todo el país. Esto con informes internacionales que constatan el suplicio aplicado a los cuerpos de protestantes y detenidos.

Cuando parece diluirse el prestigio de los impecables trajes verde de la institución de las carabinas cruzadas, es necesario ver qué ha pasado y ver algunos conceptos. Pensemos solo en el robo de 28 mil millones de pesos por parte de los altos mandos, que dejó a carabineros en un punto moral por el suelo y cómo se puede llegar al punto donde estamos en Chile.

Policía y Política suenan parecido ¿tienen origen común estas palabras?

La palabra deriva del francés del siglo XVIII. Indirectamente viene del latín politia, que viene del griego polities ciudadano, y esta a su vez de polis, ciudad. En la antigüedad, el concepto estaba unido totalmente al gobierno del Estado, y durante la Edad Media se refería al buen orden moral de la sociedad bajo la autoridad estatal (1).

Con la profesionalización del estado moderno, desde una mirada postitivista, los cuerpos de policía se hacen comunes como garantes del buen orden de la cosa pública, de los asuntos de quienes habitan las ciudades y componen los países.

Esta aproximación nos puede acercar a las definiciones que hace el filósofo político Jacques Ranciere, quien diferencia los conceptos que operan de forma simultánea: la democracia, policía y política. En ellas apunta a un claro aspecto policial del estado. Estos conceptos y su relación entre sí pueden ayudarnos a entender qué pasa hoy con la violencia en Chile.

Emparentado con la definición que daba anteriormente, Ranciere habla de que todo poder institucional que busca la conservación del mismo tiene un carácter policial. Amplía el concepto desde la institucionalidad policial de las calles, a todo ejercicio de auto conservación del Estado. Leyes, normas y reglamentos, con sus múltiples fiscalizaciones son parte de este ejercicio.

A su vez, la política es presentada por Ranciere como el espacio de disputa de las relaciones de poder. La Política es el campo donde se enfrentan distintas formas de ver el mundo, de ordenar las cosas compartidas, de las relaciones entre unos grupos y otros, entre las instituciones y los individuos, entre colectivos y particulares, etc. La política emerge para reparar un daño que toda ficción de desigualdad efectúa sobre aquellos participantes a los que no se les reconoce su lugar como pares; muestra el desacuerdo con toda distribución de lugares: evidencia la fragilidad y precariedad de cualquier forma de orden y expone que la cuenta siempre resulta ser errónea(2).

Por último la democracia es el origen del poder. La democracia como tal surge del ejercicio de todos los actores participantes de la política, es descabezada y se puede ejercer de múltiples formas bajo las reglas de la institucionalidad o fuera de ella, para entrar en el campo de lo político. Es expansiva y dinámica, por lo que entra en tensión con las rígidas dinámicas policiales.

Entonces, aquí, ampliando este conflicto es donde podemos ver que en Chile el estallido de violencia en gran medida se debe al carácter auto conservador del Estado autoritario. Un estado que busca mantener sus estructuras normativas, fiscaliza que se conserven estas formas de regulación que favorecen a los grupos que detentan el poder de las instituciones del estado y el mercado; dando un espacio político mínimo en el marco institucional. No hay participación activa y deliberante por parte de la ciudadanía.

Es allí donde se genera un quiebre. Sin posibilidad de entrar en diálogo con las autoridades, con las magistraturas del estado, y donde la mayor parte del poder se centra en el ejecutivo, es que las demandas sociales del ejercicio democrático chocan directamente con las murallas policiales que impiden campos más profundos. Ejemplo ad hoc es el dique del Tribunal Constitucional, un tema del que ya se ha hablado mucho en estas jornadas de cuestionamiento a la constitución. Pero también ocurre físicamente esta “contención”, es ahí donde la policía, el brazo armado de la ley es que entra en acción.

El rol de las policías, como se definía anteriormente, es el de conservar el orden público. Pero en resumidas cuentas, es delimitar físicamente los espacios del ejercicio democrático salvando un principio elemental del estado moderno: el monopolio de la fuerza. Este monopolio es una gran tentación y en una forma de organizarse tan alejada de la práctica democrática y los espacios políticos deliberantes, es que se entiende que hay una sola forma de controlar el descontento y es con el castigo, punitivo. A problemas políticos se entregan soluciones policiales.

Es allí donde hemos presenciando violencia, violencia y más violencia. ¿Son solo los manifestantes los que encienden la violencia? ¿No es el lanzar y rociar gas pimienta una forma de castigo que no apunta a ninguna solución de las demandas? ¿La mutilación sistemática de personas en sus ojos es una solución política? ¿Arruinar la vida de decenas de personas que ya no cuentan con uno de sus ojos, que perdieron su campo visual o en el caso del joven Gustavo Gatica es algo que nos acerca a la democracia?

En Atacama quiero hablar de lo ocurrido con los colegas de prensa. Un camarógrafo amigo fue atacado y su dedo índice fracturado por un perdigón. Un periodista fue atacado dos veces, la primera con pérdida de una pieza dental y la segunda cuando cubría el ataque al Registro Civil del que comparto el video porque habla por sí solo. Otro camarógrafo, Benjamín, fue atacado por personal policial. ¿Es este tipo de actos necesarios para construir una democracia?

El diálogo está roto. Refundar el Estado se entendió como una solución a que un nuevo orden de cosas tenga nuevas formas de entender el mundo y espacios donde canalizar el descontento o bien poder participar activamente en las reglas del juego. Pero todos los actores policiales del Estado Chileno apuntan a resistir mayormente este cambio, poniendo trabas por ejemplo a la Asamblea Constituyente, rechazando la ejecución del poder constituyente originario que es el que emana de todas las personas. Pero la respuesta es más fuerza para el Estado y su formas policiales.

La mayor parte de los anuncios de Piñera siguen apuntando en esa dirección. La suprapolicía a la que echan mano los países latinomericanos, que es el ejército, y que está lejos de combatir con otros pares o especializarse en palear los efectos de la crisis climáticas, se han dedicado a ser elementos represivos, no solo en Chile, sino en todos los países de la zona.

No podemos permitir esta policialización de todos los campos de disputa de poder. El uso de la fuerza permanente impide la corrección de las injusticias y la desigualdad, y centra todo en un conflicto donde los uniformados tratan de dar una única forma a la normalidad, tratando por todas las maneras de preservar las estructuras del Estado.

Para la institucionalidad, antes que el diálogo está el garrote, y ahora que se ha enfrentado el garrote con la fuerza podemos apreciar cómo se desploman en legitimidad muchas estructuras del poder, pero sin embargo siguen ahí, casi intactas.

No se puede seguir permitiendo que se suplicien los cuerpos, que el castigo de los instrumentos estatales de represión lleguen a tal nivel que sean capaces de atormentar y castigar a la población, llegando a los extremos del abuso sexual como se ha denunciado en Rancagua.

Comencemos a alejarnos de la policialización de todo y acerquémonos al ejercicio político de la deliberación y discusión.

(1) https://ciudadanosencrisis.wordpress.com/2012/02/21/significado-de-la-palabra-policia/

(2) http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1870-00632016000300305

(3) https://www.youtube.com/watch?v=wiULQbP9Y_k

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