[OPINIÓN] Estallido social: la saga de Viña del Mar

“Los cuicos miraban asustados desde sus balcones. Ese alguien era un gringo. Ese alguien era un vaquero con ganas de matar indios. El vaquero graba su testimonio en Youtube. El vaquero amaba chile por ser una copia feliz de United States. El vaquero hablaba de una plaga que debía ser destruida. El vaquero fue detenido. El vaquero se saca una selfie con la policía. El vaquero hacía clases (que no es lo mismo que ser profesor). Prontuario abusivo. Pinche gringo amante de la miseria neoliberal”.

POR Mauricio Tapia Rojo

Intro

Viña del Mar, 1988. Año clave en esta novela llamada Chile. José Luis “El Puma” Rodríguez. Festival de Viña. El monstruo enardecido. “A veces hay que escuchar la voz del pueblo”. La frase es dicha en el peor lugar y en el peor momento. Muchos la interpretaron como algo político, pero el anecdotario festivalero refuta esa tesis. El Puma solo quería llevarse la gaviota de plata. El Puma deja la cagá por un capricho. Ese mismo año se llevó a cabo el plebiscito que daría fin de la figura de Pinochet como mandatario, no así su legado. Muchos, ese año, salimos expulsados de los cuerpos de nuestras madres. Muchas niñas se llamaron Victoria, o Paz, o Victoria Paz. Una de mis mejoras amigas con esos nombres una vez me dijo “en verdad debería llamarme farsa”. Y es así como la novela continúo su rumbo con una renovación de personajes. Desde el 19 de octubre hemos estado viviendo el clímax de esta novela llamada Chile.


Viña del Mar, 2019. Año clave en esta novela llamada Chile. Lienzos en las calles. Gritos y cacerolas. Rayados. Gases y perdigones. El monstruo enardecido abandonó la quinta Vergara para siempre y se puso a marchar por calles que solo servían para consumir, para mantener el sistema vivo. Este mismo año se puso en jaque al legado de Pinochet. Los que salimos expulsados de los cuerpos de nuestras madres ahora tenemos 31 años. En todo ese tiempo el centro de Viña se iba llenando de torres. Las galerías pasaron a ser reemplazadas por los mall. Todo se trasladó a 15 norte. Mientras el minutero del reloj de flores avanzaba, los márgenes de la ciudad se comenzaron a llenar de tomas de terreno. El cerro quedaba apartado. Se marca una línea invisible que separa a los ricos de los pobres. Poblaciones emblemáticas del centro se convierten en grandes condominios de edificios.

Los cines empiezan a cerrar. Reaparecen otros en el último piso del centro comercial. Las gaviotas comienzan a armar sus nidos en las azoteas. Muchas emigran a ciudades como Quilpué dándole la razón a Illapu. Viña de los cerros quedaba marginada a las calles de tierra, a crecer alrededor de carreteras. Mientras que en febrero los famosos se toman la ciudad para construir un simulacro hollywoodense, Viña de los cerros se ve relegada a mirar todo desde lejos como siempre. Como muestra renovaron la Quinta Vergara quitándole a los viñamarinos la tradición de ver el festival colados desde el cerro. Y es así como la ciudad se empezó a llenar de servicios de entrega de comida. Mochilas enormes, verdes, rojas y amarillas a la espalda muchos habitantes de Viña de los cerros.

Las diferencias sociales comenzaron a notarse de manera obscena. Tanto así que la gente del cerro comienza a decir “esta mañana bajé a Viña…” con total naturalidad. Dos mundos habitándose separados por la gran muralla del consumo. Todo eso se mantuvo hasta que Chile estalló.

Viña estalla.

Valparaíso, octubre de 2019. La guerra declarada por el Presidente tiene uno de los escenarios más complejos. Los infantes de marina patean en el suelo durante el toque de queda a un manifestante en la plaza Aníbal Pinto. Imágenes como esas circulaban mientras estábamos retenidos en nuestras casas haciéndonos explotar de indignación. Los porteños eran testigos de cómo su ciudad nuevamente era bombardeada, esta vez por bombas que hacen llorar. Iban pasando los días y los porteños salían a defender lo suyo. Sus casas, su patrimonio y su dignidad.

El fuego nuevamente consumió todo. Represión. Saqueos. Perdigones y piedras. Cascos y capuchas. Valpo nuevamente era protagonista de una batalla campal sin tregua. Algo enardeció más los ánimos. Loco viña está intacto. Y así lo era. El mall recibía a las oleadas de clientes que caminan en espiral agobiados por las ofertas. La calle Valparaíso seguía su caudal incesante de norte sur, mientras la Av Pedro Montt se cubría de sudor y sangre. Loco qué onda viña, llega a dar rabia pasar por ahí. Viña de los cerros veía pasar por sus calles camiones con militares. Viña del mar confirmaba a los invitados para el festival. Después del 19 de octubre la cuestionada alcaldesa de la ciudad desaparecía de la faz de la tierra. Letreros de abuelita perdida con su rostro se tomaron los postes de luz y paraderos. Todo eso se mantuvo hasta que Viña estalló.

Cual video juego, Viña nos entregó algunos de los escenarios más extraños para una protesta. Centros comerciales, puentes, calles principales y playas. La profecía de Egon Wolff en los invasores se cumplía. Los alienígenas de la primera dama se tomaban la ciudad jardín. El fuego llegaba a la calle Álvarez. Las estaciones del metro ardían. Las calles se llenaban de gente.  La quinta Vergara le quedó chica al monstruo y fue a buscar más espacio. Los muros comenzaron a gritar. Los gritos de la gente se quedaban plasmado en las paredes. Paredes que por años permanecieron impolutas.


La batalla duró horas. Nadie sabía por donde correr. La policía no sabía por dónde empezar. Se pueden ver imágenes de manifestantes resistiendo frente al Hotel O´Higgins. Vi un video en donde unos capuchas empiezan a preparar una barricada en una la de las calles principales. Uno de ellos lleva una planta, una de las tantas que ornamenta la ciudad jardín. La planta no ahueonao. Saca la planta. Llévense la planta. La planta noo… respeto a todas las formas de vida.

La misma situación en los días siguientes. La alcaldesa a través de twitter rompe el silencio. La alcaldesa hizo un llamado a los viñamarinos a “cuidar nuestra ciudad, la que nos hemos esforzado por transformar en un hogar para las familias que queremos vivir y trabajar en paz”. El llamado fue tomado demasiado en serio.

The beach and the cowboy.

“Como lxs cuicos se espantan con el pueblo y la alcaldesa hace lo que sea para que no sufran, como sacar a todxs lxs pacxs posible para que el flaiterio no llegue, es que llamamos a una protesta pacífica en el sector más cuico de Reñaca”. Decía uno de los tantos llamados convocados desde redes sociales luego que los mal llamados chalecos amarillos salieron armados a defender su propiedad privada. Chalecos amarillos distintos. Chalecos amarillos rubios y anchos. Chalecos amarillos de ojos azules. Chalecos amarillos tranquilizados por efectivos de carabineros de Chile. Chalecos amarillos que no les gusta lo diferente. Chalecos amarillos que golpean con un bate en la cabeza a una mujer lesbiana.

La convocatoria traía consigo parlantes gigantes con cumbia villera a todo chancho, melones con vino, huevitos duros y camisetas de equipo de futbol. La pesadilla de Lucas Meyer en los Invasores se hacía realidad. La playa se llenó de gente. Todo era fiesta puesto que la policía no tenía poder sobre el mar y la arena. Las playas son de todos los chilenos. La fiesta se traslada a las calles. El que baila pasa. El que baila pasa. El que baila pasa. ¡BANG! Un disparo transformó la fiesta en pesadilla. Alguien se baja de un auto. Ese alguien tiene una pistola en las manos. Ese alguien dispara a uno de los manifestantes. Todo se fue al carajo. Todo se transformó en fracción de segundos en la Reñaca distópica de Música Marciana. Ardió todo. Los cuicos miraban asustados desde sus balcones. Ese alguien era un gringo. Ese alguien era un vaquero con ganas de matar indios. El vaquero graba su testimonio en Youtube. El vaquero amaba chile por ser una copia feliz de United States. El vaquero hablaba de una plaga que debía ser destruida. El vaquero fue detenido. El vaquero se saca una selfie con la policía. El vaquero hacía clases (que no es lo mismo que ser profesor). Prontuario abusivo. Pinche gringo amante de la miseria neoliberal.

Outro

El martes 12 de noviembre, bajo el contexto del paro nacional, Viña de los cerros bajó al ritmo de tambores y portando lienzos y banderas. Viña de cerros se apropia de Viña del mar como siempre debió haber sido. Ahora el centro de Viña del Mar se tiñe del color del acero. Todo local pareciera un clandestino. Locales reforzados por miedo y desconfiando de nosotros. La policía atrincherada bajo los puentes dispara bombas al aire. La alcaldesa reaparece pidiendo justicia por el daño causado.

Viña de los cerros se reúne ríe, se conoce y conversa en sus comunidades. Un candidato a la alcaldía, de clara tendencia a la ultra derecha, paga publicidad para que lo veamos vestido de encapuchado y llamando a callarse y no marchar. El festival confirma su edición y su respectiva gala. Los muros de viña cada día plasman más gritos. Ni Viña, ni Chile serán los mismos. La saga aún no termina.


Deja un comentario