[ANÁLISIS] El fenómeno de la migración en Chile y el racismo como política pública

A continuación el sociólogo Octavio Echeverría nos plantea sus reflexiones sobre las políticas migratorias de Chile, las cuales tienen como eje la desconfianza y el miedo hacia las personas que vienen desde otros puntos del mundo, especialmente de Latinoamérica. «El problema del estatus migratorio irregular se traduce en la pauperización de las condiciones de vida de la población migrante en situación irregular», nos cuenta el profesional en la siguiente columna de opinión. 

Por Octavio Echeverría, Sociólogo. Vía Revista Tierra Cultah/

Título original: 11 de Agosto: Racismo, Estado, Mitos y Castigo.

“Una bandera es linda cuando juega la selección, cuando la dibujamos cuando chicos en el pizarrón, cuando Marcelo, Iván o Pizarro meten un gol, sí. Pero no cuando hay que ir a matar, ahí no es linda, cuando hay que ir a odiar. Cuando quemamos las casas de los extranjeros de Sudamérica, cuando nos reímos de la tristeza del pobre hermano argentino, cuando hablamos con prepotencia sobre el peruano, pero le abrimos las patas al norteamericano. No necesitamos fronteras, no necesitamos banderas….”

Jorge González, Los Prisioneros, Festival de Viña 2003, No Necesitamos Banderas.

Chile desde la vuelta a la democracia, y con mayor fuerza en la última década, vive un flujo migratorio de alta densidad proveniente de países sudamericanos y caribeños, realidad a la cual la Región de Atacama no es ajena.

Al combinarse los factores de alta densidad migratoria Latinoamericana (migración Sur – Sur) en poco tiempo, falta de una legislación moderna y con centralidad en los derechos humanos, un imaginario social hegemónico histórico de racismo y xenofobia, y por ultimo una creciente perspectiva de seguridad, vigilancia, persecución y castigo sobre los/as migrantes, se provoca un creciente conflicto social que tiene implicancias, tanto en la población migrante, al verse sus derechos humanos menoscabados, empobrecimiento, guetización urbana y exclusión social, como en la población chilena, pues se genera desconfianza, polarización y violencia social.

Es por este razonamiento, que la centralidad de la problemática social migratoria no es el flujo migratorio en sí mismo, sino su asociación racista e ignorante con una imagen de despojo, de arrebato, de robo de lo nacional.

EL RACISMO COMO POLÍTICA PÚBLICA HISTÓRICA 

El racismo se ha plasmado históricamente en los corpus institucionales de la política pública nacional en el tema migratorio produciendo distinciones discriminantes (malos/buenos – inclusión/exclusión) basadas en falsos estereotipos de raza.

En 1824 la primera ley de migración, en el Gobierno de Ramón Freire, contemplaba algunos beneficios para los migrantes europeos que colonizasen tierras al sur; luego en 1845 Manuel Bulnes promulga la Ley de Migración Selectiva o Ley de Colonización, la cual incentiva la migración europea y el otorgamiento de tierras a estos colonos.

En 1905 el Reglamento de Inmigración Libre establece como perfil del migrante su origen en Europa y EEUU; en 1918 se promulga la Ley que impide la entrada al país o la residencia en él de elementos indeseables, la cual enumera una lista con aquellas procedencias migratorias indeseables (países, nacionalidades y rasgos indeseables.

En 1931 y 1953, ambos Gobiernos, el dictatorial y el democrático respectivamente, de Carlos Ibáñez del Campo, llevan a cabo políticas migratorias que extienden la lógica de la selección y utilitarismo migratorio, la primera en bajo el contexto de la Gran Depresión y la segunda con la Ley que crea el Departamento de Inmigración; en 1975 con la instauración de la Ley de Migración actual, bajo la tiranía cívico – militar, se implementa una normativa basada en la lógica de la seguridad nacional, donde la migración poseía un potencial subversivo-terrorista.

Si bien la tiranía cae posteriormente, la lógica de la Ley migratoria no desaparece, pues se sigue estableciendo la relación Estado – migración bajo el ala de la migración como amenaza y con un claro sesgo racial.

Finalmente, con la democracia los Gobiernos de la Concertación promovieron acciones tenues en el ámbito migratorio, tanto por su escaso rédito político y posible impopularidad, la escaza migración internacional que había en los 90s y 00s heredada de la dictadura, y por el desprecio histórico de la problemática social de los migrantes, todo esto situaba a la migración como un tema secundario. Carolina Stefoni define este periodo como el de la política de la no política, pues por olvido o por decisión, ambos convenientes, los cambios mínimos introducidos y acciones llevadas a cabo no sometieron a transformación la lógica que concibe la Ley de 1975, el racismo y la seguridad nacional, sino que más bien, salvo matices, le dan continuidad.

LEY SIN ANCHO

El derecho migratorio y las Leyes migratorias existen para dar al proceso migratorio un estatus regular, acogido a los derechos y las leyes, un mínimo de salvaguarda para quien transita por el mundo. Aquello implica que la legislación migratoria tiene como principal objeto velar por quien migra sea un regular, o sea objeto de derechos.

La normativa de 1975 no persigue la concesión del estatus regular, sino el impedimento para la entrada y estadía migratoria, dada su lógica de seguridad nacional, por ende transforma el proceso migratorio en una cuestión altamente dificultosa para la obtención de residencias temporales o definitivas, ocasionando que un importante número de inmigrantes no logren obtenerlas o las pierdan, quedando estos bajo un estatus ilegal de irregularidad.

El problema del estatus migratorio irregular se traduce en la pauperización de las condiciones de vida de la población migrante en situación irregular, transformándolos en un tipo creciente de pobreza urbana, deja en indefensión a los/as migrantes posibles objeto de abusos, no tienen resguardo de sus derechos humanos, ya sea en ámbitos de su integridad física y psíquica, laborales, de reunificación familiar o de protección social básica, que redunda en una integración parcial en las sociedades de arribo, lo que fomenta la exclusión y vulnerabilidad.

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