Verano de 2012: la historia del cocinero que aseguró haber escupido la sopa de Piñera y Longueira

Pensó que no hablaría del tema nuevamente. Pero hoy, en épocas convulsionadas decidió revelar uno de sus mayores secretos. Esta es la confesión de un ex chef que desafió la cocina de los hombres más poderosos del territorio.  

POR A. L.

“Verano del 2012. Para qué decir cómo se encontraba el ambiente en Chile, un año después de las tomas y movilizaciones de los  estudiantes y diversos sectores del país por la educación. Fue en ese contexto cuando un ex colega de hace algunos años me llamó para ofrecerme un puesto en cocina, era un buen cargo en un buen restaurante de Concón, acepté de inmediato, ya llevaba un par de años en el oficio y este puesto sin duda era el ideal. Pero de todas formas me preguntaba  “¿Será cómo me imagino?, ¿Hueones autoritarios gritando, además de mucha presión?” esto me tenía intranquilo.

Al llegar el primer día me encontré con el Chef a cargo. Antes de saludarme me preguntó: “¿Erí vegetariano?” a lo que le respondo “no”. Salieron las carcajadas del equipo de cocina, todos de fuera de la región, por cierto. Tiempo después compartiendo un pito en una placita, supe que se referían a si es que fumaba yerba.

En eso se pasó mi año, tardes después del trabajo fumando en la plaza, o aprendiendo de mi jefe que escuchaba punk rock. Él era más tiro al aire que yo, pero ya estaba casado y más chantao’. Siempre separo trabajo de mi vida personal, pero esta vez me involucré mucho con ese grupo de personas.

Recordando pienso en una copera que llegó un día de Osorno arrancando de su marido por golpizas. Casada a la fuerza en el campo, claramente no era lo que quería para su vida. Con lo puesto llegó y buscó trabajo en la región, nos hicimos bien amigxs, en los turnos cortados solíamos beber Pilsen y fumar su pitito, también aprovechaba de recomendarle música. Recuerdo que la rayó con Evelyn Cornejo, me contaba sus frustraciones, se cuestionaba mucho su sexualidad por lo que había pasado, yo le ayudaba y orientaba en lo que podía.
Años después nos encontramos en la playa La Boca. La vi bien, completa, sin complejos y feliz de su vida y de su transformación, me dijo que me tenía siempre en el recuerdo y que me quería mucho, exploté de alegría.

Varias anécdotas me dejó ese tiempo, como la de ese día cuando nos faltaba copero para un turno de domingo. Llamé a un amigo para que se salvara con unas monedas. Yo soy de baja estatura y llegó este amigo a trabajar, mas chico que yo, las botas para el agua le quedaban más arriba de las rodillas y el mandil también.

Pero estaba listo para trabajar y cuando llega a saludarlo mi jefe y le preguntó a toda boca: “¿voh’ también soy de Villa Alemana? ¿Qué hueá, en Villa Alemana está la Comarca?” y continuó “porque vez que este hueón trae alguien de allá, llegan puros hobbit”, dijo cagado de la risa. Ese turno había comenzado muy bien.

Pero volviendo al 2012 y al contexto, Sebastián Piñera- en su primer periodo como Presidente- y su equipo despedían la Esmeralda en Concón y pasaron a almorzar a este restaurante donde yo me encontraba. Sentí puro asco y odio a todo ese sequito político gubernamental y lo primero que pensé fue “hoy, cocinare como las hueas” y  como broma dije “le escupiré toda la comida”, viene mi jefe y me contó una de esas historias que te causan admiración: “si querí hacerlo, hazlo, yo en el 88  trabajando en un hotel, le tire un pollo en la salsa de pimienta a Pinochet y no solo yo, también mi jefe y compañeros de ese tiempo”, no me la quería creer, me dio mucho gusto, a pesar de tener una cierta  “ética” en este trabajo. Pero después caí en la cuenta de que son unos bastardos que se merecen todo el odio que generan, así que me envalentoné y métale escupiendo las preparaciones. Con todo  servido todo me asomé a mirar el salón y vi toda esa comisión de fachos disfrutando de su “exquisita comida”. Debo reconocer que fui feliz.

“Qué mejor lugar en el que me encontraba”, pensé.  Mi jefe, más que jefe era un compa y la tenía más que clara. Bueno,  llegó el 2013 y la campaña presidencial. En las primarias de la derecha se enfrentan Andrés Allamand y Pablo Longueira; el segundo acusó depresión y desistió al trono. Desapareció unas semanas y adivinen, sí,  llegó a cenar a la costa, a relajarse chiki wawi, después de vender el mar y postularse a Presidente.

 Recuerdo bien su selección ravioles rellenos de jaiba y tomate asado, en salsa de ya tu sabes, que placer cocinar.  A las semanas me dicen que el alcalde de Quilpué llegó a comer, no les voy a dar detalles, pero espero que ese chupe de jaiba haya sido el más rico que haya probado ese mafioso de mierda.

Al tiempo renuncié y excepto que en alguno que otro encuentro con amigos, nunca más conversé del asunto. Por eso es que hoy escribo. Podrá ser cuestionable, poco “ético” como dije, pero indiferente nunca. Reflexiono si tú eres una persona que ha causado tanto daño, ¿cómo puedes caminar, salir, almorzar y disfrutar tranquilo?, claramente por que así es, la hacen y sin culpa. Hay que achicarles los espacios, funarlos y atacarlos desde donde y cuando podamos. Espero con ansias el día de la justicia popular venga a por ustedes, pero mientras me conformo escupiendo sus sopas. ¡Bon Appétit!”

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