Chile contra el Wallmapu: “Si vis pacem, para belum”

Por Hugo Pérez Torrejón

“Si quieres la paz, prepara la guerra”, vi escrito en la pared de la habitación de mi amigo Augusto. Dicen que los nombres son elocuentes, y esa frase en latín era casi su motor de vida. En esa época (2010), justo estábamos estudiando la “Pacificación” de la “Araucanía” y, aun cuando debíamos referirnos así al evento, porque de esa forma aparecía en los textos escolares, nosotros decidimos llamarle “Ocupación”. Otro compañero de clase sugirió “Genocidio Mapuche”, pero solo pronunciar esa palabra resultaba tan brutal, que desistimos de usarla. ¿Cómo podía ser que en el país donde vivimos, estuviera ocurriendo un genocidio? Luego veíamos la televisión y las huelgas de hambre de comuneros mapuche, condenados por Ley Antiterrorista, con juicios en la justicia ordinaria y la militar, llegaban a 81 días. Pero la noticia era otra: en el norte, desde el fondo de la mina San José, salían los mineros atrapados. ¿Dos caras de una misma moneda? Quizás dos pecados capitales en nuestro país: ser pobre y trabajar en condiciones dignas del Siglo XIX, te pueden transformar en un héroe; el estigma de ser mapuche.

Camilo Catrillanca tenía 24 años. La información preliminar es que, antes de ser asesinado, él iba manejando su tractor, después de una jornada laboral, cuando el “Comando Jungla” le disparó en la nuca. Según el Gobierno, que insólitamente ha tenido que cuadrarse cual subalterno a la versión de Carabineros, Catrillanca contaba con antecedentes delictuales y fue captado por un helicóptero cuando se vio involucrado en el robo de autos cerca de un colegio en Ercilla. Es increíble, pero esta versión, apoyada por el intendente Luis Mayol, no ha soportado ni siquiera 24 horas: Camilo no presenta ningún antecedente penal, el menor de 15 años que iba en el tractor también fue herido de gravedad y detenido, recién ahora una de las profesoras involucradas reconoció haber llamado a Carabineros, cuando un grupo de encapuchados estaba acometiendo un robo de autos en la Escuela Santa Rosa,  todo esto englobado por la gran interrogante: ¿qué hacía el “Comando Jungla” ocupándose de un delito común, si su labor es combatir el “terrorismo”? El historial de probados montajes y versiones falsas en las muertes de Alex Lemun y Matías Catrileo, da para desconfiar.

Para ser justos, el trabajo del “Comando Jungla” no presenta una diferencia significativa con lo que hacía el GOPE en Wallmapu. El problema acá es la instalación de un discurso que deja tranquilo a un sector que presta un apoyo irrestricto al Gobierno y con quienes se comprometieron en campaña. Este grupo ampliamente latifundista, empleados y dueños de forestales, colonos varios, tiene matices en cuanto a quiénes deberían intervenir en el conflicto: polícias o militares. La fuerza es el denominador común. Piñera, que se tomó del rumor que vinculaba a los mapuches con las FARC, formó a un súper comando entrenado en Colombia. Uno a veces se ríe y piensa “qué clase de estúpido podría creer que esas noticias son ciertas”, pero la espiral del miedo, que se cruza con la espiral de la ignorancia, tienen consecuencias trágicas.

En un país decente y serio, la primera cabeza en rodar sería la de Andrés Chadwick, ministro del interior. El mismo hombre que lideró la interna de la campaña de Piñera, que ya ha declarado la ambición de un próximo Gobierno de continuidad, podría costarle una futura candidatura al ministro de desarrollo social, Alfredo Moreno. Es un choque de estrategias: la militarista y agresiva de Chadwick, contra la empresarial de Moreno. Queda todavía tiempo para las presidenciales, pero el asesinato de Camilo Catrillanca será una papa hirviendo por muchos años.

Camilo no era cualquier mapuche. A ojos de “El Mercurio”, quizás lo sea, por ser moreno y de ojos almendrados. Es un rostro que “el decano” de la prensa nacional jamás pondría en su portada, en esas páginas donde solo es posible leer apellidos de inmigrantes alemanes, fetichizados hasta el hartazgo por el horror de haber muerto calcinados. Pero esta muerte, que es un punto de inflexión llega en un momento distinto. Ayer, en entrevista con Radio La Clave, el periodista Pedro Cauyuqueo decía que la familia Catrillanca es reconocida y respetada en Wallmapu. También, son del bando moderado y dialogante de la causa mapuche, pero que la muerte de Camilo representaría el mayor de los retrocesos. Mientras que los apoyos, de forma unánime, desde el ala más radical hasta la más moderada, no tardarían en llegar. Sin ir más lejos, la Comunidad Mapuche de Galvarino ya anunció tres días de protesta.

La foto que titula esta columna entraría fácilmente en la categoría de “fotos tomadas antes de la tragedia”. A Piñera le avisaron: el “Comando Jungla” jamás será la solución. Haciéndole honores a su sector político, puso la idea más nociva de “seguridad” a la cabeza de sus acciones. ¿Será que la guerra, en nombre de la paz, solo viene a calmar a los que ven la sangre derramada, de quienes les ha costado más de quinientos años vencer?

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